El cabello dañado se reconoce por su aspecto apagado, seco, quebradizo, con puntas abiertas y difícil de peinar. Las principales causas del cabello dañado son el uso frecuente de herramientas térmicas (planchas, secadores), los tratamientos químicos (tintes, decoloraciones), los factores ambientales (sol, contaminación, cloro) y los malos hábitos de peinado. Una rutina reparadora incluye un champú suave, una mascarilla nutritiva, un acondicionador hidratante y un aceite o sérum protector. Los tratamientos enriquecidos con queratina, ceramidas u aceites vegetales fortalecen la fibra, cierran las cutículas y devuelven la flexibilidad. Para limitar el daño, empieza por reducir el uso de herramientas térmicas, espacia los tintes y aplica tratamientos sin aclarado específicos para el uso diario. El cabello opaco, con puntas abiertas, quebradizo y sin vida son los signos visibles del cabello dañado. ¿Cómo repararlo sin cortarlo? Con los tratamientos capilares adecuados y una rutina específica, puedes devolverle la fuerza, la vitalidad y el brillo a tu cabello en pocas semanas. Para descubrir cómo, sigue nuestra guía.